Un nuevo estudio deja en evidencia a las discográficas.
La Fundación Alternativas, a la que según la wikipedia pertenecen Felipe González, Gregorio Peces Barba, Joaquín Almunia y José Luis Rodríguez Zapatero, acaba de hacer público un estudio sobre la situación de la industria discográfica.
El estudio en cuestión ha sido llevado a cabo por Juan C. Calvi, profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, consta de 68 páginas y os lo podéis descargar de la propia página web de la fundación, en la sección del blog de noticias. En él, se analiza todo lo que sucede en el mundo de la industria musical y como, por ejemplo, las grandes discográficas abarcan alrededor del 70% del mercado frente al resto que intentan hacerse un hueco, creando una situación de oligopolio, causa, según el autor, de muchos de los problemas actuales del mercado musical. Un apartado completo del estudio se dedica a tratar el tema de la piratería.
Llama la atención como el autor comenta al principio que es “difícil discernir qué es piratería y qué no es”, al igual que el verdadero efecto que tiene sobre la industria musical y el uso interesado del término por alguna de las partes, confusión creada (esto lo digo yo) por la inmensa manipulación mediática sobre el tema.
Posteriormente, haciéndose eco de un informe de la OCDE, expresa que la caída de las ventas de discos está provocada por “una multiplicidad de factores, y la descarga de música en Internet por sí sola no es una causa determinante”. Después, sorprendentemente, afirma que el principal problema no lo tendrían las grandes discográficas, sino las pequeñas, “dado que con la piratería se difunden principalmente los productos musicales de éxito a nivel internacional”.
Como síntoma de una buena percepción de la realidad, continua más adelante diciendo que la manera de actuar de la industria y sus reacciones “han promovido aún más las prácticas de piratería musical, criminalizando a miles de usuarios por el intercambio y la descarga de música en Internet y por la realización de copias privadas [...]” (aquí parece incluir el intercambio dentro de la piratería).
Pero lo más importante, a mi entender, de todo lo que se comenta en el estudio es la necesidad imperiosa “de un nuevo pacto social que reconcilie el derecho de los autores a vivir de su trabajo con el derecho de acceso universal a la cultura como un recurso de dominio público [...]” y que éste favorezca más al público en general y a los autores, y no a la gran industria. En definitiva, que beneficie a la cultura.
Espero que tomen nota algunos de los miembros de la fundación de estas últimas palabras, a las que poco hay que añadir. En cambio, quería hacer un comentario sobre el argumento que se propone en el estudio como causa del perjuicio de la piratería y del intercambio de ficheros a las pequeñas discográficas, porque es darle, a mi entender, la vuelta a la realidad. No es la primera vez que leo algo así y me resulta bastante chocante que personas, en este caso, del nivel de profesores de universidad, no se den cuenta de algo tan simple como que la gente busca en el “top manta” y en las redes P2P lo que conoce, y lo que conoce, en la mayoría de los casos, no es más que lo que se ve por televisión o se escucha en la radio, los artistas mediáticos de las grandes empresas que tienen suficiente dinero para campañas masivas de promoción (que le pregunten a Bisbal, que por estos días lo tenemos hasta en la sopa). Luego es esto último el verdadero motivo del perjuicio provocado a la pequeña industria, el poder del oligopolio formado entorno a la música, que no es más que lo que se va argumentando, curiosamente, en el resto del estudio. Parece que cuesta ver la capacidad que puede tener el intercambio de archivos o las descargas de Internet para luchar contra ese poder económico por parte de los que no lo tienen, al dar mayor difusión gratuitamente a obras que no pertenecen a ninguna de las cuatro grandes... ¡es sólo cuestión de decirle a la gente que están ahí!.
Esto no lo ven los que realizan estudios de este tipo, pero los propios empresarios propietarios de esas pequeñas discográficas y la propia SGAE sí lo tienen muy claro, véase el caso muzikalia .




