La triste realidad.
Un ciudadano sueco de 45 años ha sido condenado a pagar una multa de 2100 euros por compartir 4 canciones, medida de la que la industria se vanagloria por considerar que puede ser disuasoria, lo que supone que un cabeza de turco ha sido sacrificado en nombre del poderoso.
Por su parte, un juez en EEUU ha ordenado a la página web ‘torrentspy’ a monitorizar a sus usuarios, convirtiéndoles en una especie de policías al servicio de poderes económicos privados, para luego enviar esos informes a la MPAA.
En Irlanda tampoco se quedan atrás, y la equivalente a la SGAE de allí ha conseguido que 23 personas sean identificadas por sus ISPs por compartir archivos.
A esto debemos sumar la reciente noticia comentada ya aquí del enfrentamiento entre Promusicae y Telefónica por un tema parecido a éste.

Esta es la triste realidad... Todos estos derechos violentados para que la gente, como ya se encarga de recordar cada vez que puede David Bravo, comience a usar masivamente sistemas P2P anónimos, al igual que ahora hacen con Emule y Bittorrent.
PD: imagen con licencia CC, propiedad de factoryjoe .




